La angustia de mil sueños terribles ha venido a buscarme en esta noche. Viven los fantasmas que creía muertos y sus nuevos herederos cortejan mi espíritu.
¿Porqué me esperan alojados en la noche? No sé qué batalla estoy librando, la noche insomne se torna insoportable, duermevela de sueños terribles y de lucidez impotente.
¿Qué pelito ha perdido mi conciencia? Pesa una condena de locura sobre mí, en la negra noche me esperan los verdugos. Tengo la sangre en el corazón rezando ¿dónde está la espada que rasgará el silencio?
Empuñé la cruz y me faltó la fe, el pánico atravesó el escudo de la lógica. Llega el día y amanezco acosado, traspasa las tinieblas y el sol se acerca: y yo recojo mis guerreros muertos.
Oculta en la maleta la máquina asesina. El calor de la tarde está húmedo de sangre: muchos cadáveres expiran a tus espaldas, es tu cosecha de segador de vidas.
Tu corazón aún se espanta del suceso. riega tu cuerpo la emoción del miedo. bailan tus ojos al ritmo de los estampidos: una lenta escena de una mala película, caen los muertos mojando de sangre el asfalto.
Huyes, la policía te persigue; pero hay refugios impermeables a las tormentas de sangre. Gotas de sangre resbalan por las hojas de los periódicos, algún animal ferozmente humano las sorbe poco a poco, las saborea.
En recipiente adecuado póngase al baño maría: Un dulce melón rosado, cabellos de calabaza, un par de rizos dorados, ojos azules y dientes, (no se olvide los pendientes si se prefiere sea niña), cinco granos de ternura una pizca de diablura Eche brazos, manos, dedos ¡Cuéntelos! ¡Que salga entero! ponga pies, piernas, trasero, la colilla para adelante, que es una cosa importante; si es niña la pesetilla. No olvide la naricilla y a los lados de la cara ponga bien las dos orejas y piel fina, no arrugada, o saldrá como una vieja. Póngalo todo a cocer y verá un niño nacer.
Oro y cruz, conquistadores, y por la selva sudores.
¡A mi rey! ¡Para mi rey los reinos que yo conquiste! Al que con hierro nos viste y nos ordena por ley: al rey, la selva no se resiste.
Barcos quemados y ardores de sol los conquistadores.
¡A Dios y para mi Dios los templos de estas naciones, a mi Dios las oraciones; a mi Dios, que Dios no hay dos: a Dios almas que no corazones! El sol estalla en clamores: sobre el acero tambores. La armadura ¡Dios, que dura y áspera es esta guerra! En dureza nos encierra, como aquella Extremadura tan pura, luchando por otra tierra.
Tantos oros y esplendores ofuscan, conquistadores.
Ciega el oro y resplandece contra el doblón, casi cobre, ¡y a estos indios que les sobre! Con tanto brillo parece... ¡Apetece no volver a España pobre!
Tan lejanos sus amores
¿dónde aliviar sus dolores?
El calor que las desnuda las ha violado en abstracto (no hay calor que viole al tacto) pues causa fue, que la muda ¿quién duda? evitaría el contacto.
Sangra la selva verdores, marchan los conquistadores.
Hambres, serpientes, ríos, pantanos, valles, montañas; que pasar es más hazaña que las guerras de Darío. ¡Me río de los caminos de España!
Riegan el suelo las flores rojas de los luchadores.
Las espadas toledanas, los cañones y arcabuces, indios cayendo de bruces… ¡La victoria es castellana! Mañana se plantarán treinta cruces.