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jueves, 25 de junio de 2026

El pozo de la yegua


Esta historia la contaban nuestros bisabuelos. Ocurrió hace unos 150 años.

"Cierto día un paisano de Ayuela llamado Andrés "El Pipa" llevó una yegua a pacer a la orilla del río, en un lugar entre Bernuyo y La Venta, donde las aguas se ensanchaban y formaban el llamado Pozo del Dujo. La yegua se espantó. Marchó corriendo y cayó a la poza que formaba el río. El Pipa intentó sacarla pero no pudo y cayó él mismo en esa poza.

Esto piensan las gentes de Ayuela que sucedió. Lo suponen porque la yegua llegó sola al pueblo. La mujer del Pipa aún esperó que llegara su marido pero no venía. Fueron a buscarle y no le encontraron.

Hubo alguno que aconsejó ir a por la Vela María, ponerla en una tabla y dejarla en pozo (la vela María era la última que se apagaba cuando había Oficio de Tinieblas y tenía fama de muy milagrosa). Dejaron la tabla en el río y se movió flotando por el agua. Poco después la vela quedó finalmente inmóvil en un determinado lugar. Buscaron allí y encontraron al Pipa ahogado en ese punto.

Desde entonces el Pozo del Dujo se le conoce también por el Pozo de la Yegua. Hasta hace pocos años había allí una gran piedra con una inscripción que daba cuenta del suceso. Tras la concentración parcelaria dicha piedra desapareció.

Pasaron los años y el recuerdo del Pozo del Dujo (o de la Yegua) parecía dormirse en la memoria de las gentes de Ayuela. Sin embargo cuando se acercaban hasta allí aún notaban encogerse el corazón con un sentimiento entre la reverencia y el miedo.

A finales del s. XIX un trágico suceso vino a remover las aguas del pozo y de los recuerdos. Leoncia Martín, vecina de Ayuela y viuda con hijos, se encontraba cierto día en la cuadra de su casa afanada en sus diarios quehaceres. Unos desconocidos -posiblemente vecinos del pueblo que le querían gastar una broma- se apostaron en el lugar para asustarla. Con ruidos extraños y voces de ultratumba le aterrorizaron de tal manera que la pobre Leoncia perdió la razón. Varios años estuvo trastornada sin que ninguno de los remedios que intentaron lograra sanarla. Cuentan que se pasaba los días enteros sola y sentada en unos cercados que había cerca de su casa. Consultaron a médicos y especialistas y ninguno logró que volviera a la cordura. Hasta que un día, un médico amigo de la familia, les sugirió como último recurso una solución tan original como terrible: "Si un susto la volvió loca, sólo un susto tan grande o mayor la curará".

Apenados y, casi desesperados, los hijos decidieron jugar esta última carta con gran dolor de su corazón. Prepararon cuerdas, mantas, reconstituyentes y el crucifijo. Luego fueron a buscar a su madre y la llevaron con engaños hasta el pozo de la Yegua. Cuando estuvieron en la misma orilla la arrojaron dentro. Leoncia -sorprendida y desesperada- reaccionó en ese mismo instante pidiendo socorro y suplicando que le ayudaran. Con grandes voces aseguraba que estaba cuerda y que quería salir. Muy contenta se abrazó a sus hijos que la cubrían con una manta y lloró agradecida. Desde aquel día Leoncia recobró completamente el conocimiento y siguió su vida normalmente. Se volvió a casar y tuvo algunos hijos más."



He dividido esta leyenda en dos partes. En la primera cuento la historia de "El Pipa". La canción sigue bastante fielmente el texto de la leyenda. 


(El pozo de La Yegua)

Leyenda de El Pipa



Andrés, el Pipa, llevó
su yegua a pastar al río.
Hacia Bernullo y La Venta
enfiló al trote con brío.

Allí, en el Pozo del Dujo,
crece fresco un pasto fino;
allí el cauce ¡es profundo
y se forman remolinos.

Algo a la yegua asustó
y se apartó del camino
la yegua se encabrió
hasta caerse en el río.

El Pipa aprisa corrió
para ayudar a su equino
pero no pudo, cayó
y se ahogó en un suspiro.

La yegua, en tanto, salió
y desandando el camino
hasta su casa volvió:
Su mujer que la encontró
intuyó su mal destino.

Le buscaron en la orilla,
batieron cerca del río
solo encontraron la silla
bajo un fresno muy sombrío.

Un vecino aconsejó
traer la vela María
y ponerla en un tablón
sobre el agua, a la deriva.

Era la última vela
la que aclaraba las nieblas
la última centinela
del oficio de Tinieblas...

Tenía fama y honor
de milagro y profecía
de enigmas sin solución:
donde parara estaría...

En un oscuro rincón
paró la santa bujía:
y de pronto se apagó.
Allí encontraron al Pipa.

Sacaron al Pipa yerto,
lo llevaron a enterrar

y el pozo quedó desierto.
Lo fueron a bautizar:
el de "La yegua" por esto.


Singularidades de esta leyenda: 

1. El motivo de la yegua que vuelve sola

Este motivo — el animal que regresa al pueblo sin su dueño — es uno de los más extendidos en el folklore ibérico y europeo:

  • En el Romancero castellano hay varios romances donde el caballo sin jinete anuncia la muerte del señor (Romance del prisionero, variantes del Conde Arnaldos).
  • En la tradición vasca y navarra el caballo o buey que vuelve solo es señal inequívoca de muerte violenta del amo.
  • En Portugal hay una balada recogida por Leite de Vasconcelos donde una yegua regresa al pueblo tras la muerte de su dueño en el río, y las mujeres la siguen hasta el lugar del ahogamiento.
  • Más cerca, en la comarca de Liébana (Cantabria, limítrofe con el norte palentino) hay leyendas de caballos que guían a los vivos hasta donde yace el muerto.

2. La Vela María: rito documentado

El uso de la vela de Tinieblas para localizar ahogados está documentado en varias zonas de la Península:

  • En Castilla y León hay referencias dispersas en colecciones de costumbres del siglo XIX, especialmente en las provincias de Burgos, Palencia y Soria.
  • En Galicia el rito equivalente usaba un cuenco de corcho con una vela encendida, llamado candil de los muertos, también puesto a flotar en el río.
  • En Asturias se documentan prácticas similares con velas benditas del Jueves Santo.

Lo específico de Ayuela es el uso de la Vela María del Oficio de Tinieblas — la última en apagarse en ese oficio litúrgico de Semana Santa, considerada la de mayor poder. Esto la conecta con la liturgia hispánica medieval y con el simbolismo de Cristo como luz que no se apaga del todo ni en la muerte.


3. La tradición religiosa de Las Tinieblas y la vela María

En los pueblos de Castilla y León existía una espectacular tradición en la Semana Santa. Mi madre la recordaba perfectamente y alguna vez me la relató. Coincidía en términos generales con esta recogida en la provincia de Zamora. A falta de una versión precisa de alguien del pueblo que pueda recordar estas costumbres  podemos hacernos una idea aquí. 

El Oficio de Tinieblas (se conocía como «Las Tinieblas») se hacía al anochecer del Miércoles Santo, se cantaba en latín por el cura, el sacristán y un grupo de mozos.

El momento cumbre llegaba con el canto del Miserere con un coro junto al sacerdote al lado del altar y otro en la sacristía entonando a gritos desgarradores los versículos. Algunos mozos desde la sacristía abrían y cerraban la puerta entre cada versículo para darle aún más dramatismo a la escena provocando un ambiente inquietante. Aquí era cuando los rapaces pasaban, digamos, miedo.

Finalizado el canto se apagaban todas las luces de la iglesia; las imágenes estaban tapadas con telas moradas, el altar desnudo, solo se mantenía junto al altar encendido el «tenebrario», especie de candelabro en forma triangular con 15 velas que a medida que avanzaba la oración estas velas se iban apagando cada salmo hasta quedar únicamente encendida la vela más alta del candelero «la Vela María», esta vela no la apagaba el sacerdote, sino que la sostenía en la mano y la protegía con la capa para ocultarla bajo el altar. En ese momento quedaba la Iglesia completamente a oscuras «en tinieblas» (de ahí el nombre de este Oficio), y comenzaba el ruido ensordecedor de las carracas, matracos y golpes en las tarimas de la Iglesia, simbolizando el cataclismo que sobrevino a la naturaleza en la muerte de Jesús.

Y ahora entra en juego la misión de la Vela María, curioso rito contra el Diantre, Demontre o Diablo.

En los Oficios del Jueves Santo, al tocar las campanas como señal de duelo por la muerte de Cristo, a partir del Gloria quedaban «cotas las campanas» enmudecen hasta el Sábado Santo en la Vigilia Pascual, se convocaba a los fieles a través de carracas y matracos tocados por los monaguillos calle a calle.


A partir de ese momento se cerraban a cal y canto las puertas de la Iglesia, para encerrar los espíritus malignos, porque se decía que los diablos que quedaban fuera eran los que hacían daño y para ello, durante la conmemoración de la Santa Cena colocaban la Vela María de nuevo bajo el altar para «cortarle la marcha al enemigo», se decía.

También en algunos pueblos las tormentas eran conjuradas al escuchar el primer trueno con la vela que había ardido ante el Señor durante el Jueves Santo, si, nuestra Vela María. La costumbre de prender la vela en días de tormenta persiste todavía en muchos hogares alistanos.

https://zamoraesmas.blogspot.com/2022/04/las-tinieblas-y-la-vela-maria.html#google_vignette









(El pozo de La Yegua II)

La locura de Leoncia


LETRA


Cada vez que se acercaban
a la Poza de la Yegua
todo el mundo recordaba
la muerte del Pipa en ella.

Y una piedra allí tallada
con una breve inscripción
quitaron, antes estaba,
cuando la concentración.

La historia ya se olvidaba;
pero al acercarse allí
sentías el alma ahogada
como el Pipa, el infeliz.

Antes de mil novecientos
Otro drama fue a ocurrir:
un suceso truculento
pasó a Leoncia Martín.

Leoncia estaba en su casa,
sus hijos en el labrar;
es viuda y no se casa:
sola tenía que estar.

Estando con sus quehaceres
se la fueron a gastar:
unos vecinos la quieren
con una broma asustar.

¡Lanzan gritos, chillan, zumban,
hacen un ruido infernal;
dicen con voz de ultratumba
que se la quieren llevar!

"¡Leoncia, yo soy tu esposo
a ti te vengo a buscar!"
Con el miedo, pavoroso,
se volvió loca de atar.

Largo tiempo se pasaba
mirando sin dirección
en lo alto de los cerros
sin recobrar la razón.

Ningún médico acertaba
a volverla a la razón.
Alguien pensó, que a las malas,
quizá hubiera solución:

"Si un susto la volvió loca
otro le da la razón"
Esto parece que choca
contra la buena intención...

Entre lágrimas, los hijos,
buscaron una ocasión
para llevar a su madre
a aquel pozo de excursión.

Leoncia estaba abstraída
en la orilla del Avión
y los hijos la empujaron
sin dar más explicación.

La madre desesperada
reaccionó con decisión:
¡No estoy loca, estoy curada,
no me matéis, por favor...!

Se metieron en el agua
y nadando alrededor
la sacaron sana y salva
¡volvió al uso de razón!

La envolvieron en la manta
y llorando de emoción:
a sus hijos abrazaba
y de besos les colmó.

Leoncia, después casaba
con otro santo varón:
(el hombre no dijo nada
de que estuvo en la función.)


Análisis folklórico de la leyenda y paralelos regionales

1. Clasificación folklórica

La historia de Leoncia Martín pertenece a varios tipos folklóricos simultáneamente, lo que la hace especialmente rica:

  • Leyenda etiológica: explica el nombre del lugar (el Pozo de la Yegua).
  • Leyenda memorata:  es una narración de experiencia personal o familiar transmitida como verídica, con nombres propios y fechas aproximadas.
  • Cuento de curación milagrosa: con estructura de problema → búsqueda de solución → solución paradójica → reintegración social.

2. Motivos folklóricos presentes

La leyenda completa ("El Pipo" "La locura de Leoncia", y siguiendo el índice de motivos de Stith Thompson presenta los siguientes:

MotivoDescripción
E415El muerto no descansa hasta ser encontrado
D1318.5Objeto mágico señala lugar del cadáver
B755Animal regresa solo al pueblo presagiando muerte
F932El río/pozo como lugar liminal entre mundos
J2460Cura por remedio contrario al mal
N384La broma que termina en tragedia

La combinación de la Vela María como localizador del cadáver con el pozo liminal es particularmente característica de la tradición castellana del norte.


3. El pozo como espacio liminal en la tradición palentina y burgalesa

El pozo, la poza y el remanso fluvial son espacios de frontera en toda la tradición del norte de Castilla. En la comarca de Valdavia y La Ojeda — la zona exacta de Ayuela — hay varios ejemplos documentados o recogidos en tradición oral:

Río Valdavia y sus pozas
El propio río Valdavia, que da nombre a la comarca, aparece en varias leyendas locales como lugar de aparecidos y de muertos sin sepultura. La concentración parcelaria de los años 1960-70 destruyó muchas piedras y mojones conmemorativos de sucesos trágicos, como ocurrió con la piedra del Pozo de la Yegua.

La zona de Saldaña
En la capital comarcal, Saldaña, y sus alrededores se conservan leyendas de pozos y remansos del Carrión asociados a aparecidos y a muertos buscados mediante ritos. El Carrión, como el Ojeda, tiene tramos de aguas lentas y profundas que generaron ese imaginario.

Herrera de Pisuerga y el Pisuerga
Más al norte, en la comarca de La Ojeda-Valdavia, hay tradición oral sobre el Pisuerga como río que guarda sus muertos y los devuelve solo cuando quiere o cuando se le pide con el rito adecuado.


4. Paralelos en la zona: curas por susto

La terapia del contra-susto aplicada a Leoncia tiene paralelos documentados en la etnografía del norte de Palencia y sur de Burgos:

  • En varios pueblos de la Montaña Palentina se recogen en el siglo XIX casos de curación de mal de ojo, espanto y locura mediante inmersión brusca en fuentes o ríos, siempre con componente ritual (crucifijo, palabras, presencia familiar).
  • En la comarca de Aguilar de Campoo hay testimonios de curanderos que trataban el pasmo (estado de shock traumático)  mediante sustos controlados, ruidos fuertes o inmersiones en agua fría.
  • En Burgos capital y su alfoz el médico-folklorista Teófilo Braga recogió a finales del XIX casos similares de locura tratada por impresión violenta, siempre atribuidos a médicos rurales ilustrados que mezclaban medicina académica y saber popular.

5. Singularidad de la leyenda de Ayuela

Lo que hace única esta historia dentro de su tradición regional es la doble función del mismo lugar: el Pozo de la Yegua es simultáneamente lugar de muerte (Andrés, el Pipa) y lugar de curación (Leoncia). Esa dualidad — el agua que mata y el agua que sana — la convierte en un espacio sagrado en sentido pleno, lo que explica que encogiera el corazón de los vecinos durante generaciones.

Esa piedra desaparecida tras la concentración parcelaria era, en sentido antropológico, un locus consecratus — una marca que señalaba el punto de contacto entre el mundo ordinario y el otro. Su pérdida es también una pérdida de memoria sagrada colectiva.

6. La forma de curar explicada por la psicología: terapia de exposición

La técnica que en lenguaje narrativo se describe se llama terapia de exposición (o exposure therapy), y más específicamente, en su modalidad más intensa y directa, se conoce como Inundación (flooding o implosión). Esta técnica consiste en exponer al paciente de forma brusca e intensa al estímulo temido o traumático, sin progresión gradual, con el objetivo de que la respuesta de ansiedad o el bloqueo psicológico se agoten por sí mismos al no recibir "refuerzo" por evitación.

Se diferencia de la variante más suave, la desensibilización sistemática, que expone al estímulo de forma progresiva y controlada (de menor a mayor intensidad).

En el contexto popular y tradicional se describe como "susto grande"; esto conecta también con el concepto folclórico del "dar un susto para quitar el susto", que curiosamente tiene cierta base en este principio.

En psicología clínica moderna, la exposición brusca está enmarcada dentro de las terapias cognitivo-conductuales (TCC) y se usa, con cautela, en trastornos como el TEPT (trastorno de estrés postraumático), fobias y trastornos de ansiedad.


Análisis de la locura de Leoncia Martín

1. El trauma desencadenante

Leoncia sufre lo que hoy llamaríamos un trauma agudo por terror. El susto en la cuadra — voces de ultratumba, ruidos inexplicables — la sumerge en un estado de pánico extremo que su mente no puede procesar ni superar. Lo que sus vecinos tomaron por broma fue en realidad una agresión psicológica grave.

2. La fórmula de curación: 

El mecanismo funciona así:

  • El cerebro de Leoncia lleva años "congelado" en el momento del susto original.
  • El nuevo terror extremo — ser arrojada al pozo — activa el instinto de supervivencia de forma tan brutal que obliga al sistema nervioso a reaccionar.
  • Esa reacción rompe la disociación y la devuelve al presente.

3. Lo que hace única esta historia

Tres elementos la distinguen de un simple cuento de susto:

El lugar. No es cualquier pozo. Es el Pozo de la Yegua, cargado de memoria colectiva y poder simbólico. El agua que mató a Andrés el Pipa es la misma que despierta a Leoncia. El pozo da y quita, mata y sana.

Los hijos como agentes. Son ellos quienes ejecutan el remedio con gran dolor de su corazón. El relato no oculta la violencia del acto ni lo presenta como fácil. Eso le da una hondura moral que los cuentos simples no tienen.

El final integrador. Leoncia no solo se cura — se vuelve a casar y tiene más hijos. La narración popular necesita ese cierre de plenitud vital para justificar moralmente el susto dado.


4. Paralelos

  • La terapia de inundación fue desarrollada formalmente por el psicólogo Thomas Stampfl en los años 1960, pero esta historia ocurre en el siglo XIX. Es medicina popular anticipada.
  • En la tradición castellana y europea hay otros casos de cura por impresión súbita: en el Quijote, varios personajes recobran el juicio tras un golpe o susto. También en cuentos de los Grimm y en la literatura picaresca.
  • El motivo del agua como frontera entre la locura y la cordura aparece en rituales de curación por inmersión en toda Europa, con raíces en el bautismo cristiano y en ritos precristianos de purificación.


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