martes, 26 de mayo de 2026

La Mata de los Carlistas

LA LEYENDA:

 “La Mata de los carlistas” 


      Se trata de una mata cerrada de leña de roble, antes mucho más que ahora. Transcurría el año 1837, y era ya el cuarto año de la Primera Guerra Carlista que enfrentaba a los partidarios de Isabel II (menor de edad) y a los partidarios de D. Carlos (hermano de Fernando VII). Un destacamento de soldados carlistas encontraron acomodo y refugio durante un tiempo en la ladera sur de La Manguilla. Pronto las tropas isabelinas supieron de su situación. Una noche desgraciada para ellos, los centinelas no se percataron de su llegada y fueron hechos presos y muertos. Dos de ellos logran escapar. A la mañana siguiente, uno de ellos encuentra a un labrador de Ayuela. Le pide sus bragos que le servirán para simular su aspecto y lograr escapar definitivamente de las tropas isabelinas. El otro resultó ser uno de los capitanes del destacamento, Capitán Portillo, que sería descubierto malherido un poco más allá del río. Diéronle caza y muerte en el paraje que hoy se denomina “Mataportillo” o “Portillas”. Desde entonces ha existido una gran cruz de piedra en el lugar llamado “Mata de los carlistas”, realizada sobre el suelo. Muchas veces el paso del tiempo o el ganado deterioró la cruz, pero otras tantas fue reconstruida. Nadie sabe quién lo hace ni por qué.


NOTAS: 

La historia está tomada del libro "Ayuela, un recuerdo nostálgico" escrito  por Teodoro Fontecha que lo recogió directamente de la tradición oral en el pueblo. 

Existen otran versiones libremente adaptadas de la leyenda, basada en este mismo relato, que pueden encontrarse en: 

"Leyendas y Relatos Palentinos" de F. Roberto Gordaliza Aparicio

Reposición de la Cruz de la «Mata de los Carlistas» en Ayuela de Valdavia,  publicada en el blog "Tradición Viva" de la Asociación Editorial Tradicionalista. 


martes, 5 de mayo de 2026

El pellejo del oro


 Leyenda del Pellejo del oro 
(Leyenda recogida en el libro "Ayuela,  un recuerdo nostálgico" de Teodoro Fontecha.

     A lo largo de los años y de las generaciones se ha venido transmitiendo y asegurando esta leyenda.

 En tiempos de la Reconquista, retrocedían los ejércitos moros de esta zona empujados por otros más fieros que eran los cristianos. Los musulmanes, no queriendo dejar caer todas sus joyas y monedas de oro en manos cristianas, deciden enterrarlas envueltas en un pellejo de becerro, en un lugar más o menos preciso de la vaguada que asciende por la Rejada a la Manguilla y en una fosa en forma de media luna no muy profunda. Era su intención recuperarlo tras recibir ayuda de otro jefecillo moro que había solicitado días atrás. Pero su derrota estaba muy cerca y se produjo de forma estrepitosa en el paraje conocido, todavía hoy, como Matamoros. Sabido esto por prisioneros liberados o por conversos que lo oyeron, así lo contaron y dijeron.

     Otra versión cuenta que los moros, amenazados por el ejército cristiano que estaba situado en el lugar después llamado de “matamoros”, y viéndose ya prácticamente derrotados, se bebieron todo el vino de un gran pellejo. Después metieron en él todas sus joyas y pertenencias de valor. A continuación lo arrojaron a un gran pozo próximo en la zona. El vino les dio gran fuerza y coraje ganando la primera batalla. Quisieron recuperar aquel tesoro del pozo, pero ya no pudieron. ¿Por qué ... ?. Es otro misterio sin aclarar. Por otra parte, su definitiva derrota en “matamoros” se produciría poco más tarde.

     Desde entonces han sido muchos los que han buscado indicios en el terreno del tesoro. Un vecino del pueblo

cercano de Tabanera estuvo gran parte de su vida obsesionado por encontrarlo. Creó sus propios artilugios para localizarlo y despertó de nuevo el interés por el tema. Su mayor ilusión - dijo en varias ocasiones - fue encontrarlo, pero moriría sin conseguirlo y plenamente convencido de su existencia. Hay quien afirma que las cárcavas existentes en la zona son el resultado de excavaciones hechas en otro tiempo y que el agua ha intensificado con el transcurrir de los años.