(Leyenda recogida en el libro "Ayuela, un recuerdo nostálgico" de Teodoro Fontecha.
A lo largo de los años y de las
generaciones se ha venido transmitiendo y asegurando esta leyenda.
En tiempos
de la Reconquista, retrocedían los ejércitos moros de esta zona empujados por
otros más fieros que eran los cristianos. Los musulmanes, no queriendo dejar
caer todas sus joyas y monedas de oro en manos cristianas, deciden enterrarlas
envueltas en un pellejo de becerro, en un lugar más o menos preciso de la
vaguada que asciende por la Rejada a la Manguilla y en una fosa en forma de
media luna no muy profunda. Era su intención recuperarlo tras recibir ayuda de
otro jefecillo moro que había solicitado días atrás. Pero su derrota estaba muy
cerca y se produjo de forma estrepitosa en el paraje conocido, todavía hoy,
como Matamoros. Sabido esto por prisioneros liberados o por conversos que lo
oyeron, así lo contaron y dijeron.
Otra versión cuenta que los moros,
amenazados por el ejército cristiano que estaba situado en el lugar después llamado
de “matamoros”, y viéndose ya prácticamente derrotados, se bebieron todo el
vino de un gran pellejo. Después metieron en él todas sus joyas y pertenencias
de valor. A continuación lo arrojaron a un gran pozo próximo en la zona. El
vino les dio gran fuerza y coraje ganando la primera batalla. Quisieron
recuperar aquel tesoro del pozo, pero ya no pudieron. ¿Por qué ... ?. Es otro
misterio sin aclarar. Por otra parte, su definitiva derrota en “matamoros” se
produciría poco más tarde.
Desde entonces han sido muchos los que han
buscado indicios en el terreno del tesoro. Un vecino del pueblo
cercano de
Tabanera estuvo gran parte de su vida obsesionado por encontrarlo. Creó sus
propios artilugios para localizarlo y despertó de nuevo el interés por el tema.
Su mayor ilusión - dijo en varias ocasiones - fue encontrarlo, pero moriría sin
conseguirlo y plenamente convencido de su existencia. Hay quien afirma que las
cárcavas existentes en la zona son el resultado de excavaciones hechas en otro
tiempo y que el agua ha intensificado con el transcurrir de los años.
Más adelante presento un estudio sobre la posible verosimilitud de lo que cuenta esta leyenda. De momento, y ajustándome más o menos al relato tradicional, compongo este poema que recoge la leyenda con un giro final inesperado.
LETRA
Esto contaba el abuelo
a su nieto boquiabierto.
Le estaba hablando de moros,
le murmuraba en secreto:
- ¡Hay un tesoro en Ayuela
y nadie lo ha descubierto!
Ven, te cuento la historia;
lo que te digo yo es cierto.
Acerca el nieto el oído,
el abuelo atiza el fuego
y la abuela, que los mira,
cose un pañuelo en silencio.
- Cuando llegaron los moros
hasta aquí arriba vinieron
pero estas tierras son pobres
y en Asturias resistieron.
Tras esquilmar a los godos
hacia el sur ya se volvieron.
Ayuela, en Tierra de Nadie,
no merecía el esfuerzo.
Por siglos estos parajes
su interés no merecieron.
Tan solo los monasterios
cercanos al monte fueron
los que pudieron medrar,
los que ganaban dinero.
Los más grandes, en Carrión,
fueron los que crecieron;
Nás al norte (y escondidos)
unos pocos subsistieron.
Allá por el año 1000
Almanzor vino por ellos;
a Palencia y a Carrión
arrasó hasta los cimientos.
Lanzó partidas al norte,
como royendo los huesos.
Saqueaba los poblados,
quemaba los monasterios,
se quedaba con el oro
y se marchaba corriendo.
Atacar, volver deprisa,
con riquezas y dineros
era consigna dictada
a jefes y subalternos.
La partida de Yusuf
(un moro lito, muy viejo)
volvía de una algazúa
bien cargado de dineros.
Quemaron cinco poblados
y atacaron en el Brezo
en su huida llevaban
los tesoros que cogieron.
Eran partida pequeña,
apenas cien caballeros,
bajaban por el Valdavia
iban rápidos, ligeros,
avanzaban junto al río
hacia Carrión, un buen trecho.
Antes de la llanura,
en el castillo de Agüero,
muchas tropas castellanas
esperaban a cubierto.
Decidieron alejarse,
tomar el camino estrecho.
Torcieron para Fontecha
ocultándose en los cerros
y llegaron a Valcuende.
a su mismo nacimiento;
llegando, por la vaguada,
hasta un valle más abierto.
Lanzaron avanazadillas
para explorara el terreno:
"Se abre el valle allí delante
y lo tienen al acecho"
El viejo moro Yusuf
se detiene allí un momento.
Sube a caballo al Cutral
a ver el campo completo:
"No pinta bien lanzarse
campo a través con el peso;
mejor dejarlo escondido,
bien guardado en un pellejo.
Aquel valle en media luna
parece un lugar perfecto:
es angosto y muy cerrado,
y en medio hay un monte espeso".
Ordena juntar el oro
y meterlo en un pellejo
bien cosido y preparado,
y bien cerrado, muy prieto.
Llegado el anochecer
se alejó solo, discreto,
y oculto lo fue a esconder
en el valle, en lo secreto.
Después, de noche y sin luna,
salieron a campo abierto.
En Mazuelas les descubre
un ejército completo;
se enfrentan en desventaja
y Yusuf resulta muerto
y de los que se salvaron
ninguno jamás ha vuelto.
Sigue el tesoro enterrado;
¿dónde? No saben cierto.
Yo pienso que en La Manguilla
pero el lugar: un misterio:
Al centro, en la media luna,
es lo que dicen los viejos...
Hubo quién ya lo ha buscado
haciendo mil agujeros
pero nunca se ha encontrado...
Y como el nieto dudaba
y recelaba perplejo
el abuelo se enfadaba:
- ¡Lo juro, estoy en lo cierto!
- Pero abuelo ¿fueron moros?
¿En verdad que fueron ellos?
¿no godos, celtas, romanos?
Ha pasado tanto tiempo...
- Mira, así lo contaron,
puedes creer a tu abuelo.
- ¿Y en un pellejo de vino?
¡Pero si no beben de ello!
Se lo prohíben sus leyes
- Pues te lo digo: ¡un pellejo!
- ¿Y en forma de media luna?
Solo tenemos vallejos...
- Acaso quizá La Manguilla,
es cerrada, forma un cerco...
-Pero, abuelo, los tesoros
enterrados suman cientos:
son historias inventadas,
mitos, leyendas, cuentos...
También en Monte Bernorio
dicen que existe un pellejo
de toro en cueva escondido
con muchas riquezas dentro;
y en Aguilar, y en León,
y por la zona del Bierzo...
En esto suena la aldaba
y se presenta un viajero:
- Buenas, me llamo Arnau
Busco algún alojamiento.
- ¿Y qué busca aquí buen hombre
que trabajo le han propuesto?
- Me he enterado por su web
que hay un tesoro en el pueblo.
Soy catalán, he vendido
mi casa y cuanto tengo.
Voy a buscar el tesoro:
tengo un buen presentimiento.
El nieto mira al abuelo,
el abuelo mira al nieto,
la abuela les mira a todos...
Se les cruza un pensamiento:
¿Y si lo encuentra un extraño;
y un catalán, por cierto...?
LA LEYENDA
Esta leyenda de Ayuela de Valdavia encaja casi perfectamente con un motivo folklórico muy extendido por toda España (y en general por Europa occidental). No es una leyenda aislada, sino una variante local de un “tipo narrativo” bastante bien estudiado. Haremos un análisis comparativo
Estructura común de estas leyendas
En distintas regiones aparece siempre el mismo esquema narrativo:
Un grupo de “moros” (entendidos como pobladores míticos antiguos, no necesariamente históricos reales)
Son derrotados o expulsados
Ocultan un tesoro (oro, joyas, monedas…)
Lo entierran con la intención de volver a recuperarlo
Este patrón está documentado en muchas zonas; por ejemplo, en Sierra Mágina o La Rioja: los moros esconden riquezas al huir y esperan regresar algún día
Elementos que coinciden con estas versión
a) La leyenda tiene paralelos muy claros:
- El “pellejo” lleno de oro. Este detalle aparece en otras tradiciones (En Castilla se habla de “un pellejo de toro lleno de monedas de oro” enterrado. También se menciona en torno a lugares como Monte Bernorio (muy cerca de Palencia)
Esto indica que esta versión no es casual el recipiente orgánico (pellejo, odre, cuero) es un motivo tradicional.
b) Un lugar concreto (valle, forma especial)
Muchas versiones incluyen formas simbólicas del terreno (media luna, peñas, cuevas) o lugares “marcados” o reconocibles. (por ejemplo: Árbol o accidente geográfico concreto que recibe el sol en San Juan: peñas, castros o cuevas asociadas a los “moros”)
En el caso de nuestra leyenda la forma de media luna en tu caso podría ser un elemento simbólico (asociado al imaginario “moro”) o simplemente una manera de identificar el lugar.
c) Cuevas, subterráneos y ocultamiento
Este es otro patrón muy repetido: Los moros viven o se esconden bajo tierra o excavan cuevas o túneles (Esto aparece en muchas regiones (León, Castilla la Mancha,Extremadura, Galicia). Por ejemplo en el pueblo de Torrejoncillo del Rey (Cuenca) existe la Cueva de la Mora Encantada en pasajes subterráneos que en realidad corresponden a minas romanas de Lapis especularis. En nuestr versión se habla de un valle; pero la idea de “ocultamiento en la tierra” es la misma.
d) El tesoro casi siempre inaccesible
Muchas variantes incluyen riesgo o castigo (veneno, muerte, encantamientos) a quién lo busca o simplemente que nadie lo encuentra nunca. Esto puede encerrar una función moral (advertir contra la codicia).
Este tipo de leyendas son interesantes porque no suelen ser totalmente inventadas. Suelen ser memoria deformada de hechos pequeños pero reales amplificados durante siglos.
Interpretación antropológica
Los estudios de estas leyendas suelen coincidir en que “Los moros” no son necesariamente históricos: son míticos. En muchas zonas se atribuye a “los moros” todo lo antiguo o inexplicable (esto incluye atribuciones sobre castros prerromanos, cuevas o ruinas. Es decir: “moro” sería identeificable con pueblo antiguo, misterioso, constructor y ocultador de riquezas.
Igualmente puede aplicarse esto a atribuciones sobre el significado y origen de determinados topónimos ("Matamoros", "Mataportillo", "Matajudíos"...)
Funciones culturales de la leyenda
Estas historias suelen cumplir varias funciones:
1. Explicar restos arqueológicos (Castros, cuevas, ruinas... “lo hicieron los moros”)
2. Crear identidad local (Cada pueblo tiene “su” tesoro)
3. Moralizar (La riqueza fácil es peligrosa, La ambición puede traer castigo)
4. Mantener la memoria histórica deformada (Evocan de forma difusa la Reconquista, pero transformada en mito)
Tabla comparación con nuestra leyenda
Elemento
Ayuela de Valdavia
Otras regiones
Moros que huyen
✔
✔ (muy común)
Tesoro enterrado
✔
✔
Oro/joyas
✔
✔
Recipiente (pellejo)
✔
✔ (pellejo de toro/buey)
Lugar concreto (valle)
✔
✔ (cuevas, peñas, árboles…)
Forma simbólica (media luna)
✔
A veces (menos frecuente, pero coherente)
Nunca encontrado
Probable
✔ casi siempre
Conclusión
Esta leyenda no es única, pero sí es una variante muy interesante y bien conservada de un tipo folklórico muy extendido: Pertenece al ciclo de los “tesoros de moros”, comparte estructura con leyendas de León, La Rioja, Andalucía, Galicia o Extremadura. El detalle del pellejo lleno de oro es especialmente significativo y poco casual. La forma del valle añade una localización simbólica propia. En definitiva se trata de una adaptación local de un mito panhispánico, enriquecida con elementos concretos del paisaje y la tradición oral del lugar.
VARIANTES CERCANAS
Una variante muy cercana: Monte Bernorio (norte de Palencia)
Es una versión casi idéntica y muy reveladora. En el castro de Monte Bernorio se dice: “hay un pellejo de un toro… lleno de oro y plata” y está enterrado en un lugar concreto del paisaje. Este sitio está a pocos kilómetros de Ayuela y además es un gran yacimiento prerromano. Las leyendas se adhieren a lugares arqueológicos (o toponimia) reales, esto refuerza su persistencia.
Variante en León (muy próxima culturalmente)
En la montaña leonesa (muy conectada con Palencia) aparece “un pellejo de toro lleno de oro” enterrado en fuentes o parajes concretos. La fórmula narrativa se repite casi literalmente y se extiende por toda la franja Cantábrica interior.
Variante en El Bierzo (León occidental)
Aquí el patrón evoluciona, pero mantiene el núcleo: piel de toro o carnero llena de monedas; o incluso el propio animal convertido en oro. Aquí se muestra una evolución del motivo: de pellejo como recipiente a pellejo como objeto valioso (en este caso animal de oro)
Comparación específica (Leyenda de Ayuela vs. variantes cercanas)
Elemento
Ayuela
Monte Bernorio
León
Bierzo
Moros que esconden tesoro
✔
✔ (implícito)
✔
✔
Pellejo / odre
✔ (vino)
✔ (toro)
✔
✔
Oro / joyas
✔
✔ oro/plata
✔
✔
Lugar concreto (valle)
✔
✔ (ladera concreta)
✔ (fuente, paraje)
✔
Forma simbólica (media luna)
✔
❌
❌
❌
Cercanía geográfica
—
Muy cercana
Media
Media
Con esta comparativa podemos concluir que la leyenda de Ayuela es completamente “canónica”, no es una deformación: es una versión perfectamente estructurada del ciclo tradicional. Además es un motivo regional muy frecuente en Palencia, León y la Cantabria interior. No es casual: es un rasgo distintivo del noroeste castellano
Pero nuestra versión tiene un par de rasgos únicos: La forma de media luna del valle (Eso no aparece en las otras versiones documentadas cercanas) y una toponimia asociada muy sugerente.
Posible reconstrucción histórica
Nuestra leyenda incorpora elementos típicos que pueden ser reales:
✔️ Moros en retirada
✔️ Tesoro oculto apresuradamente
✔️ Pellejo como recipiente (muy característico de Palencia-León)
✔️ Lugar reconocible del paisaje (tu valle en media luna)
✔️ Toponimia específica ("Matamoros")
✔️ Promesa de regreso incumplida
✔️ Toque mágico o inaccesible
✔️ Advertencia moral final
Elementos constatables:
- La forma de media luna como señal geográfica: Eso la convierte en más “localizada” que otras, más vinculada al terreno real y posiblemente más antigua o más fijada en la memoria colectiva.
- El contexto histórico real: ¿hubo “moros” en Ayuela? Pudiera ser, pero con matices importantes: En el año 711 comienza la invasión musulmana y Palencia cae rápidamente; sin embargo, el norte (incluida la Valdavia) queda pronto como zona fronteriza, inestable y poco poblada. No hubo grandes ciudades musulmanas en el valle del Avión ni en el Valdavia; pero sí paso de tropas, incursiones, saqueos y abandonos
a) Primer escenario histórico posible (muy probable) Siglo VIII (720–7 50): retirada inicial y abandono. Tras la conquista inicial los musulmanes ocupan la Meseta, pero no consolidan bien el norte. Los reyes astures (como Alfonso I) lanzan ataques rápidos. Se forma una “tierra de nadie” despoblada. La zona queda tan vacía que luego ha de repoblarse siglos después.
b) Segundo escenario (muy documentado). Año 1000: campaña de Almanzor. Almanzor arrasa Carrión de los Condes y Palencia, que están muy cerca de Ayuela. Esto hizo que tropas musulmanas penetraran profundamente en territorio cristiano lo que implicaría posible existencia de campamentos temporales, rutas de paso o saqueos y botín.
Esto posibilita un escenario real a la leyenda: Durante la retirada un grupo pierde o esconde parte del botín y lo entierra con intención de recuperarlo (explica la existencia de un tesoro, la urgencia en ocultarolo y la zona apartada de los pasos tradicionales o más frecuentes)
- Contexto geográfico plausible: Lugares estratégicos cercanos: Ayuela no es del todo irrelevante al tránsito de personas (puede considerarse ruta alternativa) al Valle fluvial (Valdavia)m que es una ruta natural de paso. También es relevante su cercanía a Carrión, Saldaña (centro repoblador) y al castillo de Agüero (Buenavista). Está en las cercanías de un territorio de tránsito militar y fue zona de repoblación.
Ayuela está en un entorno muy característico de la Valdavia:
Altitud en torno a 950–1050 m
Sistema de dos valles principales (Avión y Valcuende)
Relieve suave pero encajado en pequeñas ondulaciones
Interfluvios con formas de herradura o media luna
Fuentes, arroyos y laderas poco profundas
La “media luna” no es rara aquí, es geomorfología típica de valle fluvial de páramo erosionado. El río Avión pasa por Ayuela y estructura el territorio formando curvas amplias, “codos” de valle, zonas semicerradas tipo herradura. El más firme candidato sería un meandro abandonado o curvatura del Avión o de un arroyo tributario. En las laderas entre el Avión y Valcuende existen pequeños interfluvios curvos, vaguadas semicirculares, zonas de transición de pasto a monte bajo; aquí es donde más fácilmente un vecino encontraría semejanzas: “esto parece una media luna”. También aparecen en Ayuela valles secos secundarios (muy típicos en toda la Valdavia): pequeñas hondonadas sin cauce permanente erosionadas por escorrentía antigua. Estas forman medias lunas muy claras en cartografía moderna.
- Poniéndonos en el "pellejo" de los protagonistas: ¿Dónde tendría sentido histórico ocultar un tesoro?
Para un ocultamiento (siglos VIII–X), si se huye apresuradamente, se escogería un punto fuera del cauce principal (para no ser visto) pero cerca de agua (para regresar), con referencia visual clara (forma del valle) y fácil de memorizar sin mapas. Esto encaja perferctamente con la geografía del interfluvio Avión–Valcuende o un borde curvo del valle del Avión. El cuenco natural formado por "La Manguilla" encaja con esta cisrcunstancia: forma de herradura natural, visibilidad limitada y fácil referencia visual (“la media luna”).
El pueblo de Ayuela ha integrado varios elementos en su memoria y los recuerda porque hay cierta constancia histórica en la presencia de moros en los alrededores, existe toponimia, la forma del valle sigue visible... y aunque el hecho histórico se pierde o desdibuja el cerebro colectivo lo transforma en: “los moros escondieron un tesoro ahí”. Por otro lado el pellejo es un detalle cultural real (recipiente habitual medieval) se conserva bien en la memoria porque es muy concreto y memorable. Es probable que la leyenda naciera precisamente a partir de un accidente geográfico real perfectamente reconocible que se interpretó durante siglos como “marca del escondite”. Sin embargo no parece una historia inventada libremente: es un modelo histórico plausible enmarcado en el movimiento humano en la Valdavia entre los siglos VIII–X.
RECONSTRUCCIÓN NARRATIVA
Tras la incursión de Almanzor y a la zona norte de España (Batalla de Cervera, en Burgos, asalto de Carrión y Palencia) lanzando algazúas (expediciones de destrucción y pillaje rápidas con retirada inmediata) las partidas se repliegan para concentrarse en lugares bien comunicados y de referencia (Pudiera ser Carrión o Saldaña). La retirada sería una ruta del norte hacia el sur. Entre finales del siglo VIII y el siglo X la zona de la Valdavia es frontera inestable entre dominio cristiano y musulmán donde pequeños grupos militares o civiles se desplazan continuamente. El río Valdavia funciona como corredor secundario entre la montaña y la Meseta. Un grupo (soldados, recaudadores o saqueadores) utilizaría probablemente el eje Carrión–Saldaña o zonas al norte o incluso incursiones desde la Meseta sur que regresan tras un saqueo. El grupo entra en el valle siguiendo lo lógico: avanzan por terrenos suaves (evitan páramos abiertos), buscan agua constante (siguen el curso de los ríos Valdavia o subsidiarios, como el Avión), usan los valles como guía natural (sin mapas). Estos valles sirven de caminos invisibles y los interfluvios permiten moverse sin ser vistos desde lejos. Al acercarse a lo que hoy es Ayuela el valle del Avión se abre en curvas suaves, aparecen vaguadas laterales semicirculares (la “media luna”) donde el terreno permite ocultarse fácilmente.
Aquí ocurre el punto crítico: el grupo tiene un botín o bienes valiosos y debe decidirse a seguir avanzando hacia el sur (arriesgado) u ocultar parte del cargamento (más seguro). Se produce una situación típica de frontera: posible persecución, cansancio del grupo o miedo a perderlo todo en combate. Deciden esconder parte del botín temporalmente.
Eligen un punto concreto del paisaje: una curva cerrada del valle del Avión o una hondonada lateral en forma de herradura. Es el lugar idóneo porque está oculto a la vista desde lejos, es fácil de reconocer (forma única), está cerca de agua pero no inundable y presenta terreno excavable (suelo blando de aluvión).
En el punto elegido excavan rápidamente, no usan cofres pesados (difíciles de transportar), utilizan un pellejo de vino vaciado como contenedor flexible e introducen monedas, joyas o metal precioso. El pellejo es ideal porque es ligero, impermeable y común en desplazamientos militares y mercantiles.
Antes de marcharse memorizan la forma del valle, quizás colocan una piedra o marca simple y confían en volver pronto. Pero aquí se presentan dos escenarios posibles: El más más probable es que el grupo es destruido o dispersado poco después y el otro que el poder político o militar cambie y el retorno se haga imposible.
La retirada hacia el sur del grupo pudo ser así: desciende por la Valdavia hacia zonas más abiertas, intenta reconectar con rutas principales (Carrión, Tierra de Campos) pero el rastro se pierde en el conflicto fronterizo o bien encuentran una dificultad insalvable (grupo armado que selo impide). Con el tiempo el lugar no está documentado, no hay mapas y los supervivientes desaparecen o migran. El “punto exacto” deja de existir como memoria humana; pero no como memoria del paisaje.
Cuando el territorio se repuebla los nuevos habitantes ven el valle en forma de media luna y encuentran restos antiguos o señales de excavación natural o bien escuchan historias fragmentadas. Y reinterpretan todo: “Ahí los moros escondieron un tesoro en un pellejo”
Como coclusión final: Si esta leyenda nace de un hecho real, lo más coherente es que no fuera un gran tesoro de un ejército sino un pequeño ocultamiento de valor en un momento de crisis en un punto del sistema del río Avión, donde el valle forma una curva tipo herradura: un grupo en tránsito ocultó bienes rápidamente, eligió el lugar por su forma natural (“media luna”) y nunca volvió. El paisaje sobrevivió, la memoria humana se perdió y la historia se convirtió en leyenda.
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