De aquellos tiempos de Adanes,
de aquellos tiempos de Evas
nada quedó de los clanes
que pasaron por Ayuela.
Las Cavernas, sus hogares,
estaban allá, en Cervera
y en el Brezo; son lugares
con calizas, rocas, cuevas.
Cazaron con gran talento,
tallaron sus pedernales,
y plantaron campamentos
con las pieles de animales.
¡Seguro que los cangrejos
y las truchas del Avión
fueron su alimentación
junto a ciervos y conejos!
Y así pasaban las horas
junto a verdes enebrales
cazando los animales
recolectando las moras...
Pero en llegando el invierno
volvían a sus cavernas:
alumbrados por lucernas
y encendiendo fuego dentro.
Cuando supieron plantar
y domar los animales
la empezaron a poblar,
a construir sus corrales.
Aún no tenían metales,
pero sabían plantar;
con barro fueron a alzar
cabañas muy singulares.
Aprendieron a fundir
el cobre, después el hierro.
de lobos hicieron perros,
mejoraron su vivir.
Ya comerciaban con trigo,
con adobes construían;
ya buscaban el abrigo
bajo tejas que cocían.
Empezaron a juntarse
y fundaron los poblados;
algunos se han encontrado
mucho después de enterrarse.
Pero en Ayuela, pequeña,
no cabía mucha gente
un valle no es suficiente
para tribus como aquellas.
Muy cerca estaban los castros
de tamáricos, vaceos
(su huella está en los museos
pero de Ayuela ni rastro.)
Entre luchas y pillajes
vuelan las aves de Ayuela
desplegando su plumaje:
las pequeñas aviuelas.
Y llegaron las legiones
con la Cuarta Macedónica
luchando en estas regiones
así lo dicen las crónicas.
En Herrera hubo legión
y sitiaron a La Loma
y fueron pueblos de Roma
Palencia y también Carrión.
No era una villa romana;
tampoco estaba baldía:
seguro que se vendía
bien su trigo, bien su lana.
Ayuela criaba yeguas
sacando buenas monedas:
se vendían a la Olmeda
que distaba cinco leguas.
Aprendimos el latín,
y conocimos las villas:
eran una maravilla
si eras romano o afín.
Llegaron los visigodos,
con capital en Toledo:
aquí impusieron su credo
y vivieron a su modo.
Ayuela, poco importante,
medio escondida en un valle
aceptará gobernantes,
y nobles que la avasallen.
España se despoblaba,
por la peste y las sequías.
también Ayuela estaría
hambrienta y desesperada.
Desembarcado Tarik
llegó a León por Amaya
y Ayuela lo vio venir
por el valle del Valdavia.
Por más de doscientos años
en Ayuela apenas nada:
solo algunos ermitaños
y casas deshabitadas.
Y los pocos que quedaron
pagaron gizyas, impuestos,
harag por labrar, expuestos
a que el moro se enfadara.
Las haciendas se ocultaban,
las personas se escondían
no era bueno que notaran
que allí la gente vivía.
Al llegar el siglo nueve
vuelven las tropas cristianas
y a allende el Duero se mueven
las mesnadas musulmanas.
Y en el Brezo, en la montaña
En San Román de Entrepeñas
Banu Gómez, por más señas,
funda Valdavia y Saldaña.
Pero el suelo está baldío
y los pueblos despoblados
El rey no quiere vacíos
los campos reconquistados.
Para que allí se asentaran
los nobles, título en mano,
trajeron foramontanos,
gente que los trabajaran.
En Buenavista un castillo,
subsidiario de Saldaña
protegió el verde pasillo
que era el valle del Valdavia.
En el siglo once, al fin,
a Ayuela se documenta:
un documento lo cuenta
lo deja escrito en latín.
Villabasta, Villanuño,
Villaeles, Villasila,
llamaron a sus terruños
como su nombre de pila.
Desde entonces son Valdavia,
sus diez villas, despoblados,
con León por obispado,
sus iglesias centenarias...
Nunca faltó devoción,
vocaciones religiosas,
ni leyendas milagrosas
en pueblos de esta región.
Personajes, unos cuantos
son de especial importancia
Antolín, uno de tantos
tiene especial relevancia.
Guerras hubo, las sufrieron,
sus gentes participaron,
fueron llamados, lucharon,
combatieron y murieron.
Isabelinos, carlistas,
y rojos republicanos,
azules nacionalistas,
que luchaban entre hermanos.
Ayuelenses por el mundo
hay muchísimos, no miento;
son viajeros, vagabundos;
culos de muy mal asiento.
Y el futuro ¿cuál será?
¿qué pasará con Ayuela?
todo cambia, todo vuela...
¡también sobrevivirá!