LA LEYENDA:
“La Mata de los carlistas”
(Tomada del libro "Ayuela, un recuerdo nostálgico" escrito por Teodoro Fontecha) (5)
Se trata
de una mata cerrada de leña de roble, antes mucho más que ahora. Transcurría el
año 1837, y era ya el cuarto año de la Primera Guerra Carlista que enfrentaba a
los partidarios de Isabel II (menor de edad) y a los partidarios de D. Carlos
(hermano de Fernando VII). Un destacamento de soldados carlistas encontraron
acomodo y refugio durante un tiempo en la ladera sur de La Manguilla. Pronto
las tropas isabelinas supieron de su situación. Una noche desgraciada para
ellos, los centinelas no se percataron de su llegada y fueron hechos presos y
muertos. Dos de ellos logran escapar. A la mañana siguiente, uno de ellos
encuentra a un labrador de Ayuela. Le pide sus bragos que le servirán para
simular su aspecto y lograr escapar definitivamente de las tropas isabelinas.
El otro resultó ser uno de los capitanes del destacamento, Capitán Portillo,
que sería descubierto malherido un poco más allá del río. Diéronle caza y
muerte en el paraje que hoy se denomina “Mataportillo” o “Portillas”. Desde
entonces ha existido una gran cruz de piedra en el lugar llamado “Mata de los
carlistas”, realizada sobre el suelo. Muchas veces el paso del tiempo o el
ganado deterioró la cruz, pero otras tantas fue reconstruida. Nadie sabe quién
lo hace ni por qué.
NOTA:
Existen otran versiones libremente adaptadas de la leyenda, basada en este mismo relato, que pueden encontrarse en:
"Leyendas y Relatos Palentinos" de F. Roberto Gordaliza AparicioANÁLISIS DEL TEXTO DE LA LEYENDA:
De niño jugando (y después como ejercicio experimental en estudios de psicología) realizamos actividades prácticas sobre el "rumor". Recuerdo una muy interesante que yo mismo he aplicado después con mis alumos: "Sentados en corro varias decenas de alumnos el profesor decía al oído al primero de ellos un pequeño relato. Este lo transmitía, también al oído, al siguiente y así sucesivamente hasta el final del corro. Entonces, el último, en recibir el mensaje que había circulado a través de 20-30 individuos decía en alto el contenido del mismo..." Nuestra sorpresa era mayúscula cuando al compararlo con lo que nosotros oímos o, más aún, con lo que el profesor comunicó que dijo al primer oyentem encontrábamos alteraciones muy significativas. A veces el mensaje se hacía irreconocible. Cada cual había modificado, según su percepción y su parecer, lo que había oído y los errores se multiplicaban. Lo más llamativo, o lo más significativo para el grupo, era lo más consistente en la historia final; pero los detalles se desdibujaban en el recorrido. Algo parecido pasa con las leyendas.
Por eso hay detalles que hay que considerar con precaución pues la gente los modifica adaptándoles a su idiosincrasia; a su entorno y personalidad. Veamos algunos detalles que puden someterse a jucicio.
b) El nombre de "Capitán Portillo". Podríamos intentar salir de dudas mediante algunas comprobaciones. El nombre de "Portillo" no es frecuente en Ayuela (no he encontrado a nadie con ese nombre o apellido en mis búsquedas). Ello avala el posible origen foráneo del "Capitán Portillo". Tampoco en todo el territorio nacional existen referencias a un carlista así llamado (tan solo un tal "Capitán Portillo" aparece en las crónicas operando en la zona de Alicante y Albacete y, además, es isabelino).
d) La mata de los carlistas. Esta referencia es mucho más verosímil. No puede ser un nombre anterior apropiado (no existía el carlismo antes de D. Carlos María Isidro de Borbón, con quién se inició la contienda). Por otro lado la existencia (parece que contrastada) de "trincheras" carlistas en la zona abundan en la certeza de que allí acamparon tropas de cierta entidad y no solamente las "gavillas" (así llamaban a los pequeños grupos guerrilleros carlistas en la zona. A doscientos años vista, y con lo deleznable de este tipo de suelo tan propenso a cárcavas y barrancas, apenas quedan restos (al igual que nuestras edificaciones de adobe, cuya ruina se integra totalmente con el terreno). Incluso he oído hablar de que su posición en lo alto del Cutral tenía por objetivo batir (llegado el caso) el vecino Valderrábano. Aún podrían, forzando un poco, atribuirse a la guerra de la Independencia dichas escavaciones (la artillería en la guerra carlista en la zona fue muy escasa).
De lo que no hay ninguna duda es de la excelente posición de dicha mata. En lo alto con un amplio dominio de la carretera que une Cervera con Saldaña, no muy lejos (posiblemente a la vista) la carretera de Herrera y teniendo al alcance un buen tramo de la ruta e incluso el pueblo de Valderrábano. Además, en la ladera, un lugar cercano y escondido a la misma, una buena ruta de escape por el Avión o el Valcuende o, incluso a Buenavista y Barriosuso por el alto). El agua accesible a un paso en el cercano río Avión y los robles ocultando la acampada...
e) Lo de destacamento (grupo de tropa destacado para una acción, equiparable a avanzadilla o avanzada) plantea algunas dudas. La misión de proteger las líneas de las comunicaciones, de observar, bloquear o sitiar las plazas fuertes, de perseguir partidas y guerrillas, y otras muchas que suelen aumentar a medida que se prolonga la lucha, son otros tantos objetivos propios de este género de operaciones. Es pues posible la existencia de un destacamento en Ayuela. Lo que resultaría extraño es que se "los centinelas" se dejaran sorprender y más en su situación. Las espaldas las tendría cubiertas por las intrincadas laderas de La Manguilla y el acceso por el valle está a la vista. Tendría que ser una fuerza asaltante numerosa como para acabar con todo el destacamento (a excepción de los dos escapados) y haber sido avisada con antelación. No sería casual. Por otra parte los carlistas tenían simpatías en la zona y muchos campesinos les eran afectos (el detalle de los bragos lo confirma). Raro es que no les advirtieran. Con todo, dos sorpresas similares (y esas sí están documentada) ocurrieron en 1982 y 1873 (durante la III Guerra Carlista). Sólo que aquí el número de muertos se reduce a una persona en cada caso (el resto acaba prisionero o huído). Es bastente posible que la leyenda se alimente más bien de estos últimos hechos. Más adelante lo detallamos.
VIDEO
LETRA
CONCLUSIONES:
Por la zona operaban partidas carlistas, normalmente
poco numerosas, algunas incluso formadas en la zona (Buenavista) y con
objetivos centrados en guerrillas de acoso y hostigamiento mezcladas con
incursiones para provisionarse o conseguir dinero (robo de contribuciones,
recaudación o aprovisionamiento de víveres). Dos partidas en particular son
citadas frecuentemente: La del Pastor (facción “Penagos”, otras veces
denominada “del Vierzo”) cuyo nombre real era Pedro Santiago (pastor de La
Puebla); y la de Hierro (Francisco Hierro).
El teniente coronel Piñena Mijares de la Guardia
Civil, al frente de la columna de su nombre, comandaba las fuerzas liberales
(números de la guardia civil) y batió a ambos: a Hierro en Prádanos de Ojeda; y
a Pastor en Ayuela y Tablares. Ambas acciones por sorpresa.
Sobre el incidente de Ayuela (según el boletín
oficial, recogido después por otros periódicos que publicaban resúmenes de
prensa) parece que los hechos fueron así:
Incidente de
1872: En agosto de ese año se habla de que la pequeña partida de Pastor
campeaba desde hacía tres meses en la zona perseguida por la Guardia Civil.
Pastor se incorporó en mayo a la guerrilla reuniendo 13 jinetes y entrando en
poblaciones importantes como Saldaña y Cervera (con objeto de arrebatar fondos
de las administraciones, pero -se afirma- sin causar daño a la población que,
en general, le era favorable). En un exceso de confianza los amadeistas, en el
pueblo de Ayuela jurisdicción de Saldaña fueron sorprendidos; parece que en
dicho pueblo fueron delatados haciendo que los carlistas perdiesen un
voluntario que en una descarga a quemarropa, fue muerto por los de Amadeo
dentro de un corral. Dos carlistas fueron hechos prisioneros y se requisaron cinco
caballos, que hubieron de abandonar en su precipitada salida.
En agosto de
1872 se cita que tres prisioneros cogidos en Ayuela, fueron conducidos atados a
Herrera de Pisuerga, y desde allí á Saldaña con sólo cinco ó seis Guardias,
pasando por Sotobañado un día de mercado, estando Hierro y Pastor en las
cercanías. El corresponsal se pregunta por qué no intervinieron para
liberarlos.
Hacia
noviembre de 1872 un corresponsal en la zona afirma que los carlistas habrían
dado una paliza a “tres o cuatro pilletes” que delataron al Pastor en Ayuela
(resaltan que podrían habérselo hecho pagar con la vida, pero que fueron
magnánimos con ellos).
Un
acontecimiento más determinante tuvo lugar a finales de mayo de 1873. Una
partida de carlistas al mando de Pedro Santiago (El Pastor de la Puebla) de
unos 30 guerrilleros se aposentó en un lugar indeterminado de Ayuela. La
partida fue sorprendida por una columna de la Guardia Civil de 46 miembros al
mando del teniente coronel Piñena Mijares que perseguía en la zona los
carlistas que operaban por allí. En la
confrontación hubo un muerto y varios heridos, se capturaron ocho prisioneros
(tres de ellos jefes) nueve caballos con sus monturas, varias armas,
municiones, provisiones de boca, herrajes y otros efectos. El resto de la partida fue disperso.
ANÁLISIS
Desconcierta
el nombre de Portillo, que no aparece en estas partidas (al menos tan épicas y
heroicas como una posible de 1837, fecha en que se data la leyenda). Sin
embargo; tanto la situación (partida carlista no muy numerosa batida por
sorpresa) como el nombre de “Pastor”, y la muerte de uno de los miembros (en
dos incidentes en el intervalo de un año en la III Gerra, años 72-72) sí está
documentada.
Podría darse
una curiosa alteración de la leyenda por sustitución de “Pastor” (jefe
guerrillero) por un pastor local que le presta su vestimenta… ¿Y “Portillo”?
Dado que no aparece en ninguna fuente este apellido (por cierto, poco común en
la zona) habría que buscar su posible muerte en el municipio en los registros
parroquiales, pues hubo de haber entierro y, por norma, deben consignarse en
los libros de la parroquia los fallecidos en el término, La consulta on line de
dichos libros (custodiados en la Archidiócesis palentina) no ofreció
resultados; pero el acceso es farragoso, impreciso e incompleto. Otra forma de
determinar la veracidad del nombre es consultar documentación en el
ayuntamiento o prensa anteriores a 1837 y comprobar que quizá ya existiera esa
denominación “Mataportillo”, “Portilla” o similar antes de esa época. Si así
fuera, Portillo, no sería el nombre del ejecutado pues el topónimo estaba
antes. Es posible que la muerte se produjera en ese lugar ya existente (se cita
“un corral” en el incidente de 1972) y, por contingencia, se asociara al
guerrillero abatido.
TRAS LOS RASTROS DE LA LEYENDA
Las gavillas carlistas.
Pese a mis esfuerzos no he logrado encontrar en las fuentes accesibles un rastro preciso de este suceso legendario en las fechas citadas (segundo semestre del año 1837). Son muy pocas las referencias escritas del primer periodo de las guerras carlistas en la zona. No así de la III Guerra de la que sí se pueden encontrar partes oficiales o noticias de corresponsales (incluso republicaciones a modo de revistas de presa en varios medios). Con el volcado digital de la prensa histórica sí es posible encontrar noticias referidas a Ayuela de aquella época. Más adelante haremos una relación de las mismas.
La guerra carlista es, por antonomasia, la gran guerra de guerrillas de la España del siglo XIX. A pesar de que se llegan a constituir los ejércitos regulares. La Primera Guerra Carlista fue, por tanto, el primer ejemplo de la fuerza real que podía tener una sublevación popular abandonada a sí misma, sin apoyo militar extranjero ni la cooperación de un ejército regular preexistente. Las partidas más importantes se dieron en zonas tradicionalmente forales (Cataluña, Navarra, Vascongadas y el mismo Aragón), seguidas de cerca por Galicia y las dos Castillas; también fueron importantes en La Mancha y Valencia, y a menor escala en Asturias, Extremadura y Andalucía.El mismo desarrollo del conflicto marcó también la evolución de las guerrillas. Mientras que los carlistas gallegos mantuvieron una lucha aislada, interferida tan solo por la breve estancia de la Expedición de Gómez, las partidas de Castilla la Vieja tuvieron una excelente base en las provincias del Norte, donde se refugiaban en caso de necesidad, y de donde salían periódicamente algunas columnas a las órdenes de jefes como Merino o Balmaseda, que trataban (y en buena medida lo consiguieron) de organizar e incrementar sus efectivos.
No faltaron entre los jefes guerrilleros personajes que habían adquirido celebridad durante la Guerra de la Independencia o en las campañas anticonstitucionales. Por referirnos únicamente a aquellos lugares en que los carlistas no lograron llegar a formar ejércitos regulares, citaremos al cura Merino, que, al igual que Isidoro Mir y Salvador Malavila (muertos en el transcurso de la contienda), tenía el grado de brigadier de los reales ejércitos con anterioridad al inicio de la campaña. Los coroneles Manuel Adame, alias el Locho, Ignacio Alonso Zapatero, alias Cuevillas, Cuesta, Batanero, Morales, Gorostidi, etc., habían adquirido sus grados y nombradía practicando este tipo de guerra, en el que también se habían distinguido don Basilio, los hermanos Rujeros, alias Palillos, Villalobos, García de la Parra, alias Orejita, Jara, Peco, Muñoz, Abad, alias Chaleco, López y Martínez Villaverde.
Los miembros de las guerrillas tenían diversas procedencias. Por un lado, estaban los legitimistas que se lanzaron libre y espontáneamente a la lucha en defensa de su Dios y de su Rey. En el polo opuesto se encuentran los mercenarios, atraídos por la paga y el pillaje,La postura intermedia, y sin duda mayoritaria, era la de los carlistas “pasivos” que en una determinada coyuntura se vieron incitados, o incluso obligados, a tomar las armas, pasando así a formar parte del carlismo “activo”. Tal ocurre con los mozos afectados por las quintas, probablemente uno de los sectores más importantes de las guerrillas.
La política de los gobiernos liberales, las medidas económicas y los estallidos anticlericales fueron otras tantas fuentes de descontento que llevarían a la facción a un número creciente de partidarios. El paso de las expediciones carlistas fue una variable que incrementaba la fuerza de la guerrilla, pues aparte de la labor organizativa que pueden ejercer sobre las mismas, era relativamente frecuente que los voluntarios incorporados a sus filas, incapaces de seguir las continuas y agotadoras marchas, formasen pequeñas partidas o incrementasen las ya existentes.
Los carlistas trataron de promover las guerrillas por cuantos medios estaban a su alcance, y así se encuentran desde la actuación de agentes que tratan de convencer a nuevos voluntarios hasta la acción armada destinada a impedir la celebración de sorteos para las quintas del ejército cristino, incorporando estos mozos a las filas carlistas.
El armamento de las partidas era por lo general anticuado y de pésima calidad, a excepción del arrebatado al enemigo. La reparación de las armas, la fabricación de pólvora y municiones, podía correr a cargo de las propias partidas, pero no era infrecuente que estas se pusieran en contacto con establecimientos situados en el territorio controlado por los cristinos, y que obtuviesen así los efectos que necesitaban. Por lo que se refiere a las provisiones, estas eran proporcionadas por los pueblos, que, en caso de negarse, podían ser víctimas de crueles represalias.
La instrucción militar de los guerrilleros solía reducirse a la recibida sobre el campo de batalla. La uniformidad era prácticamente inexistente. Son destacables los ataques contra las comunicaciones liberales, o los intentos de impedir las quintas; no parece que los guerrilleros tuviesen objetivos militares claros, sino que da la impresión de que trataban de dificultar todo lo posible la situación de la retaguardia isabelina, usando para ello cuantos medios consideraban oportunos.
Fracasados en sus intentos de ser reconocidos por sus enemigos como soldados de don Carlos, excluidos del convenio Elliot y del de Segura, la lucha de partidas adquirió en muchas ocasiones el carácter de una guerra total, donde la derrota equivalía a la muerte. No es solo que los partes liberales hablan de cómo se fusilaba a los prisioneros sobre el campo de batalla, sino que, a fin de imponer un saludable respeto, cuando se lograba dar caza a alguno de los guerrilleros más destacados, su cuerpo solía ser descuartizado y colocado a la vista del público.
Los liberales trataron de silenciar en lo posible las actividades y éxitos de las partidas; es indudable que su presencia logró alterar la retaguardia isabelina, e impidió que los sucesivos gobiernos pudieran concentrar todos sus efectivos en los principales escenarios de la guerra, y ello a pesar del gran alivio que suponía la milicia nacional.
Los efectivos de las guerrillas, en estimaciones de un noble inglés en junio de 1838, era de unos 3.500 hombres en Las dos Castillas, bajo Merino, el Perdiz, Maron, Quintanilla y Lordón. Se añaden 700 más en Palencia bajo Modesto, Carrión, Chelin y Rey.

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