sábado, 11 de julio de 2026

Oda al enebro

Hacía falta una Oda al enebro, el árbol totémico de Ayuela. Se hacía necesaria después de tantas y tantas hogueras donde fue sacrificado. ¿Cómo ho hacer un homenaje a esta planta que presta su nombre a la Peña del pueblo? bajo sus auspicios se organizan fiestas, se preparan actividades, se arreglan fuentes, se disfruta de sabrosas paellas, guisos de ciervo o jabalí, pancetadas...

Además, si la estudias un poco, verás que es una planta sorprendente. Sus bondades las tienes listadas abajo; pero además es protagonista literario: El enebro (cuento de los Hermanos Grimm), remedio natural en muchos ambientes rurales, planta de adaptaciones asombrosas (El enebro rastrero de Doñana, por ejemplo), especia sabrosa que presta su amargor a la ginebra y planta que crece emergiendo desde la tierra al cielo como símbolo espiritual. 


Las bondades del enebro son muerosas y variadas:

  • Medicinales y terapéuticas
Las bayas (gálbulos) tienen propiedades diuréticas, antisépticas y digestivas. Se han usado tradicionalmente para tratar afecciones renales, reumatismo, flatulencias y como desinfectante de vías urinarias. El aceite esencial es expectorante y antiinflamatorio.

  • Gastronómicas
Los gálbulos maduros son especia clásica para carnes de caza, adobos y escabeches. Son ingrediente esencial en la elaboración del gin (ginebra), cuyo nombre deriva precisamente del término neerlandés jenever, que significa enebro.

  • Ecológicas
Es una planta pionera que coloniza suelos degradados, erosionados o calcáreos donde casi nada más sobrevive. Fija el suelo, retiene humedad y crea microhábitat para otras especies. Sus bayas alimentan a zorzales, mirlos y otras aves que dispersan sus semillas.

  • Maderables y artesanales
Su madera es muy dura, aromática y resistente a la pudrición, lo que la ha hecho valiosa para tornería, fabricación de utensilios domésticos, cajitas y pequeñas tallas. También se ha empleado como combustible de alta calidad y para ahumar carnes.

  • Simbólicas y culturales

En la tradición rural castellana ha sido planta de protección y purificación: se quemaban sus ramas para ahuyentar el mal y desinfectar establos. Su longevidad y resistencia lo han convertido en símbolo de tenacidad del paisaje de páramo.

  • Ornamentales
Su porte perenne, su color verde azulado y su adaptación extrema lo hacen muy valioso en jardinería de secano y paisajismo de zonas áridas.


Todas ellas las verás reflejadas en esta Oda con carácter heróico y resonancias celtas. 

Oda al enebro



LETRA


"Oda al enebro"

Enebro, eres robusto centinela,
verde alfil de las praderas
que alzas tu copa y digno te revelas
contra las carreteras.
Tú, árbol de mi tierra,
señor del páramo y del ventisquero,
a nadie pides tregua ni te aterra
agosto abrasador o frío enero:

Los cantos pastoreas
en los valles y campos de mi Ayuela.


Donde no rinde el arar, donde el labriego
abandona el terruño a su quebranto
brotas tú sin abono, sin el riego,
austero como un santo.
Cose tu raíz cárcavas, eriales,
detienes con tu cepa la avalancha
y cuidas de tu suelo, sin jornales,
lo abrazas y lo ensanchas.

Conforme con tan pocos minerales
los comes a tus anchas.


No es tuya la arrogancia de los robles
ni el lustre de jardines señoriales;
pero haces revivir a los eriales
yermos con alma noble.
Refrescas el prado en el estío,
y reinas entre brezos, matorrales;
fuego verde donde no llegan los ríos
lanzando llamaradas verticales

sobre nieves y rocíos
pastan verdes rebaños de enebrales.


Tus bayas son zafiros que maduran
con paciencia de años,
con esencias de montes y bravuras,
sin capa ni abrigaño
De ti sacó el pastor sabor y cura
y el zorzal su canto y su alimento;
de ti sacó la ginebra su amargura,
sus magias los ungüentos,

su alivio para el daño
su remedio al dolor, la calentura...


Tu madera resiste podredumbres
y vence al gusano. Da servicio
al calor y a las chispas en la lumbre
de la fiesta, al sacrificio
que oficia muchedumbre
en la plaza cual fuego de artificio.
Te inmolas sobre la chapa de herrumbre
con dócil mansedumbre:

que sirva de consuelo en tu suplicio
la risa y el bullicio.


En las noches de enero, cuando el frío
hiela el cuerpo del monte hasta los huesos
tu perfume se eleva, árbol bravío,
con tomillos y cantuesos.
Y el pastor que regresa de la sierra
con el alma encogida y los pies rotos
huele en ti la promesa de su tierra
renueva así sus votos:

que viéndote rezar a ti tan tieso
se vuelve más devoto.


Árbol del ayer, árbol eterno
brotando en el suelo en que nací:
eres la voz del páramo en invierno
y el testigo más fiel de lo que fui.
Busquen otros en sus jardines ricos
flores mimadas y lujosas
yo admiro los rebeldes, los ariscos,
puñales de tus hojas;

que, áspero y no tierno,
eres planta más salvaje y poderosa.


Crece pues entre cantos fuerte y bello
hundiendo tu raíz
como pueblo que de ti acuño el sello
por ser tenaz y feliz,
por donar a los prados tus destellos,
por ser planta que con poco se consuela.
Mantén, cedro plebeyo,
tu estirpe, que mi pueblo te tutela

por ser seno y ser matriz
donde nace y se formó el alma de Ayuela.

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