Nací en el Hospital Provincial de Palencia hace ya 67 años. Por entonces mis padres vivían en Ayuela de Valdavia y allí me llevaron a los pocos días de nacer. Durente un año viví en la casa de mi madre, casa que heredó el año anterioir, al poco de fallecer mi abuelo Marcial. Apenas dos o tres fotografías me quedan de aquel tiempo. Mi padre aprobó las oposiciones a agente judicial y tuvimos que trasladarnos a Carrión y después a Burgos, años después. Cada verano volvíamos a Ayuela por vacaciones. Conservo algunos recuerdos de aquellos tiempos, sobre todo, las visitas a la casa de mi tío Felicísimo y su compañía durente los trabajos del verano. Mis mejores juguetes en la vida fueron los campos, la huerta, el río Avión, los trillos, el carro, los hierros de la hornera (almacén y taller de mi tío y que aún conservaba el horno), los animales… Mis compañeros de correrías algunos niños de mi edad en el pueblo, aunque por mi caracter reservado me costaba encontrar amigos (yo era chico de ciudad y ellos de pueblo).
Ahora, al crear estas canciones, he reivido aquella época; nuestros juegos (el bote, las tabas, los zancos, ir a buscar gamusinos, pescar peces y ranas, cazar murciélagos y hacerles fumar un pitillo… y también nuestras “peligrosas” aventuras: hurgar en los avisperos, subir a las salgueras junto al río Avión, colarnos en las casas de los familiares “a explorar”, retarnos a “comer” una de las enormes pastillas que se daban a las vacas enfermas… Algunas tuvieron resultado dramático; es extraordinario que sigamos vivos.
También hubo tiempo, y muchas ganas, de escuchar las historias que nos contaban nuestros mayores: las leyendas de Ayuela, las historias de la guerra de mi tío Felicísimo, la forma de vida que llevaron nuestro mayores años atrás, las aventuras de mi madre niña… Todo ello lo he volcado en estos versos a los que con gran cuidado puse música con ayuda de la inteligencia artificial del programa SUNO. Hubiera querido componerlas y cantarlas personalmente (y, tal vez lo hubiera logrado, pues afición, talento y voz no me faltaron) pero por efecto de una hipoacusia sobrevenida he perdido las cualidades necesarias para manejar correctamente la melodía y el canto. Por eso doy gracias a esta nueva tecnología que permite que mis versos (esos sí, completamente míos) puedan ser cantados con una melodía de calidad más que notable.
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