Disponemos de varios testimonios que detallan algunas de las actividades que realizaban los mozos en el pueblo de Ayuela.
Así lo cuenta la centenaria Margarita Gutiérrez en sus memorias de juventud:
Añoro mucho aquellos tiempos, aquellas costumbres. Estábamos todos unidos y, ¡qué voy a decir!, nuestras costumbres eran muy divertidas. La gente tomaba con buen humor las bromas. Los mozos cortejaban a las mozas con mucho miedo y por la noche ponían una escalera y las iban a cortejar a la ventana. Cuando el padre se daba cuenta le quitaba la escalera y el pobre mozo las pasaba... A mí me contaron que en nuestra casa vivía el cura con una sobrina que se llamaba Saturnina y era de Acera. Esta era moza y tenía amistad con un chico del pueblo y algunas veces venía a cortejarla. Pero el cura sospechó y un día la hizo cambiar de dormitorio y se acostó él en su cama. Efectivamente el mocito llegó por la ventana y se encontró con el cura... Yo esto no lo viví, pero así eran las costumbres entonces. Por aquellos tiempos existía la Junta de Mozos y para entrar en ella tenías que pagar una peseta. Todos los sábados, después de cenar, sonaba un tambor por la calle. Era el alguacil de los mozos que avisaba a los mozos para reunirse. Había también un alcalde. En los meses de verano, los sábados, se mataba un carnero por la noche y el domingo por la mañana lo vendían por el pueblo. Con lo que sacaban iban guardando las ganancias y el día de Todos los Santos mataban otro carnero, pero éste, ya se lo comían ellos.
Otro día señalado era el día de los enamorados (o de "las burras"). Era costumbre poner una enramada a la puerta de la moza y esparcir paja por el suelo a la vez que se tocaba un cuerno (este sonido del cuerno era la señal con la que el cuidador llamaba a los vecinos para que soltaran los burros para llevarlos a pacer). Cada mozo tenía su moza que había comprado la noche anterior durante la Junta de Mozos pagando por ella un real aunque algunas llegaban a valer hasta una peseta. La primera vez que echaron paja frente a mi casa me daba vergüenza y tenía miedo del reproche de mis padres pero en aquella ocasión teníamos una vaca y, como no teníamos paja, mi padre agradeció la ocasión y la recogimos y la llevamos a la cuadra. Todas levantábamos pronto para barrer bien la portada pues la que no lo hacía o lo hacía mal le solían decir que era vieja y desdentada.
Los carnavales
Y los carnavales... eso era lo más bonito. Ya en los veladeros se disfrazaba la gente y se iban a otras casas siempre ocultando el rostro. Por otra parte los mozos lo celebraban el Domingo Gordo, o sea el domingo anterior al miércoles de ceniza. Ese día era el día de los torreznos. Por la mañana salían a pedir con cestas por todas las casas. Les daban chorizo, tocino, huevos... y más cosas. Todo lo juntaban y por la noche lo comían. Por la tarde se disfrazaban todos. Dos de ellos eran los zamarrones; a estos se les ponía muy guapos con pantalones estilo bermudas con muchas cintas de colores, luego se les colocaba un corpiño lleno de bonitos pañuelos y un cinturón lleno de cencerros. Llevaban careta y un sombrero terminado en pico muy alto, todo lleno de cintas de papeles de colores. En la mano llevaban guantes, un látigo y una bota de vino. Nos perseguían por las calles y teníamos mucho miedo pues iban muy guapos...
Las bodas.
Otra costumbre bonita ocurría durante el día de bodas. Ya la víspera se hacía fiesta. Las mozas preparábamos canciones para cantar en la boda. Ese día se permitía acceder a la categoría de moza. Había que pagar una perra gorda (10 céntimos) y ya podías decir: soy moza.
El día de la boda íbamos a buscar a la novia y allí empezábamos a cantar:
Esto se cantaba porque entonces existía la asociación de Hijas de María que tenían que hacer unas oraciones a la Virgen todos los días y poner cada día unas velas para el culto, cuidar de la Inmaculada y llevar siempre para comulgar la cinta azul al cuello.
Por otra parte los mozos tocaban el tambor y tiraban cohetes. Los mozos la víspera ponían la enramada a las mozas, hacían fuego en la calle y allí pasaban parte de la noche cantando y comiendo pan, aguardiente y pastas que les sacaba la novia. Entre otras cosas cantaban:
Los mozos iban a buscar al novio y todos juntos se dirigían a por la novia. De allí todos juntos a la iglesia. Cuando se acababa la ceremonia ya estábamos las mozas preparadas a la puerta de la iglesia para cantar:
Después todos juntos con mucha algarabía acompañábamos a la novia hasta su casa y allí se celebraba la fiesta. Las mozas seguíamos cantando lo que se nos ocurría y a los invitados nos daban un vino dulce y unas pastas. Corríamos la bandeja y con lo que sacábamos hacíamos una cena. Los mozos cobraban los derechos. Esto consistía en que el novio debía pagar cierta cantidad de dinero y el padrino otra. Si además el novio o el padrino era forastero tenía que dar el doble y, en caso que no lo diesen, se les daba la cencerrada que consistía en estar el resto del día y de la noche tocando cencerros, cacerolas y cualquier cosa que hiciera ruido a la puerta de los novios. Luego llegaba la hora del baile. Uno tocaba el tambor, otro el acordeón (en los casos más distinguidos) y otra la pandereta (ésta mientras tocaba cantaba). Todo era muy divertido y se pasaba con mucha alegría.
Del libro "Ayuela, un recuerdo nostálgico", de Teodoro Fontecha; entresacamos de su capítulo "Fiestas, tradiciones, usos y costumbres" aquellas especialmente relevantes a los mozos y sus Juntas.
FIESTAS, TRADICIONES, USOS Y COSTUMBRES
El día del Domingo Gordo los mozos salían a pedir pan, vino, huevos, productos del campo ; para aderezar una merienda con la que matar el hambre y el aburrimiento. Igualmente, esta costumbre , fue practicada por las cuadrillas de niños con el mismo objetivo.
Los carnavales se celebraban con estilo y maneras propias. Se vestían dos de zamarrones (máscara, gorro, cintas, volantes, cencerros, etc.) y con una bota de vino para dar de beber a todo el mundo. Nunca les faltaba un nutrido séquito o acompañamiento. Pedían las voluntades, con las que más tarde todos los mozos componían merienda y baile de organillo, piedras, tamboril, o lo que fuese.
En Junio se recontaba el ganado. Por vísperas de San Juan y San Pedro se enramaba a estos Santos. Esta tarea corría a cargo, en la mayoría de las veces, de los mozos.
Los Santos, los mozos mataban y luego vendían a los vecinos carne de borro, oveja o carnero. El mismo día vendían (en subasta ) la asadurilla, el sebo, el vientre, la cabeza, etc. en la casa de uno de ellos, donde se había hecho La Junta de Mozos. Las ganancias iban destinadas para poder comprar y matar otro carnero la víspera de Los Santos. Esto era conocido como “ matar de marras ”. Esta tarde, noche de vísperas, los mozos merendaban y cenaban el carnero entero. A la vez, y durante toda la noche, se ocupaban de tocar a difuntos de dos en dos y 15 minutos cada uno.
El último día del año, los mozos se reunían en Junta para la renovación de cargos ( Alcalde de Mozos, Teniente Alcalde, Alguacil y Tamborilero). Las Juntas siempre eran comunicadas a golpe de tamboril el mismo día por la tarde. El día siguiente, Año Nuevo, El Alcalde de Mozos pagaba una botella de orujo y pan. Durante mucho tiempo, para pertenecer a la Junta de Mozos, se tuvo que pagar una peseta. Todos los gastos se pagaban siempre “a escote”. El tamborilero era compensado por su trabajo pagando solamente la mitad que los demás. Organizaban y participaban, entre otras cosas, en las enramadas, en las matanzas de marras, en las fiestas, en la Navidad, etc.
Conrado nos cuenta sus recuerdos de niño referidos a los "zamarrones de Ayuela", costumbre que mantenían los mozos del pueblo. Cómo podemos comprobar hubo zamarrones de varios tipos (o distintas versiones, seguramente debidas a influencias de las zonas aledañas (sobre todo del norte, pues era costumbre muy arraigada en la zona de Cantabria)
En mis ratos de ocio me dedico a varias cosas, entre ellas a repasar cosas de Ayuela, de cuando yo era niño, por ejemplo. ¿Y cómo no? Echo de vez en cuando mano de tu carísimo libro. Y lo que escribes sobre los carnavales no es exacto tal como yo lo viví. Supongo que lo has escrito al dictado de alguien mayor que yo y que tuvo otras experiencias. En los años 40 y 50 los zamarrones los celebrábamos los chicos de las escuela. (Sabes que los carnavales estaban prohibidos por la iglesias y el Estado, o por el estado y la iglesia). Los mozos sólo hacían una merendona el día de "Domingo Gordo" a escote y pidiendo. A los que éramos chicos nos permitían vestirnos de zamarrones, 2 con máscaras y traje de romano ( el que después llevaban los mozos en la Procesión del Jueves Santo vestidos de romanos y cuando salía El Cicineo), cencerras, la bota de vino y un bolso de mujer para meter las propinas que nos daba la gente por el trago de bota de vino. Se hacía por la tade a la salida del Rosario, un poco antes de terminar el mismo ( a las letanías o así). Salíamos los chicos del mismo y nos disfrazámos en el corral de Benilde u otro sitio similar. Las mojirangas con sus trapos y atuendos contaban sus chistes a la puerta de la iglesia y procuraban hacer reir a la gente, Acuérdome de uno que contó mi amigo Marcelino: " Iba yo con el dedo todo vendado ( con trapo e hilo de quel entonces, no con tiritas y esparadrapo) y me pregunta la vecina: ¡chico ¿qué te ha pasado en ese dedo?! Nada, señora, que ayer la maestra me mandó escribir cien veses "huevo" y me se ha estropeado la yema". Al final de la tarde con lo que habíamos escotado y sacado de los zamarrones hacíamos una cena todos los chicos (unos 30 aproximadamente). Recuerdo que unos 3 años nos hizo la cena Consuelo, mujer de Ovidio, y nos trató a cuerpo de rey (a sopa, tortilla y acaso orejuelas), la verdad que lo pasamos fenomenal.
Versión (Constantino & Felipe): Los carnavales se celebraban con estilo y maneras propias. Se vestían dos de zamarrones (máscara, gorro, cintas, volantes, cencerros, etc.) y con una bota de vino para dar de beber a todo el mundo. Nunca les faltaba un nutrido séquito o acompañamiento. Pedían las voluntades, con las que más tarde todos los mozos componían merienda y baile de organillo, piedras, tamboril, o lo que fuese. Los chicos de la escuela, un domingo antes, se vestían de mojirangas. Decían o contaban chascarrillos y hacían acopio de alimentos para comerlos en alguna casa.
Recopiló: Teodoro
La subasta de la leña antes de la fiesta y la suelta de los jatos.
El pueblo parecía un hormiguero o una colmena. Cada cual a lo suyo. Y no faltaban quienes mangaran alguna, pues el tiempo de primavera era propicio para ello. Como aquel año en que se dedicaron varios mozos a soltar todos los jatos del pueblo por la noche, y al día siguiente no pudieron ordeñar las vacas para hacer el consabido postre de natillas o arroz con leche.
La junta de mozos, por su parte, se reunía para organizar la traída de dos carros de leña del monte para subastar el domingo anterior a la fiesta, a la salida de misa, para recaudar dinero y pagar la dulzaina.
Todos los años, a comienzos del mes de Junio, las campanas, con un toque característico, convocaban al vecindario a concejo. San Pelayo se acercaba y había que reordenar algunas actividades a fin de celebrar la fiesta como se merecía el Santo. Entre otros asuntos, se trataba y se discutía y al fin se concretaba, el tema de la traída de dos carros de leña del monte a cargo de la junta de mozos, para subastarlos públicamente y así poder pagar a la dulzaina que amenizaba la fiesta. Pues sin musiqueros no había fiesta.
Recuerdo que un año, cuando salimos de misa, estaba el carro de leña de la subasta, entornado en la plaza. Los mozos entretenidos en vaciar las botas de vino se descuidaron y las vacas, cansadas de esperar se iban para casa y cogieron mal la esquina del “palón”, entornando el carro que traía poca y mal atada, pues era para subastar. En este tiempo cuando no sopla el cierzo, en la Valdavia, las noches son apacibles e invitan hacer la sobremesa de la cena en la calle. Y como en aquel entonces no había TV y ni siquiera radio, después de cenar, las consabidas patatas cocidas con chorizo o torrezno (¡qué buenas estaban!), los mozos se juntaban en el “palón de la plaza”, a comentar los “sucedidos” del día. Lo más común, era que no hubiera sucedido nada que mereciera la pena contarse o discutirse. Y como para sacudirse la “aburrida” alguien propuso:
¿Y si cogemos y vamos por todas las cuadras del pueblo desatando a todos los jatos, liberándolos del ayuno forzoso al que las mujeres les han sometido? Después de ponerse de acuerdo en detalles y estrategias, y dando tiempo a que los vecinos acabaran de comer el último rescaño de pan de la cena, se lanzaron a la aventura.
Los mozos y mozas en el baile
De todo había que comprar y si faltaban las “perras” aprovechábamos a la hora del baile para pedir a los hermanos mayores cuando estaban bailando con las mozas, porque entonces eran generosos por quedar bien ante la dama. El día de la fiesta, sobre las cinco de la tarde, por los caminos y la carretera, llegaban, cuadrillas de mozos y mozas de los pueblos vecinos. A mi casa solían caer las mozas de Villaeles, a cambiarse las zapatillas por los zapatos de tacos, y a ponerse las medias, la falda de tubo, (de moda entonces) y a alicatarse un poco para el baile, por aquello de que: “las mujeres tienen tres manos: la derecha, la izquierda y otra de pintura”. Yo tenía que proporcionarles la palangana con agua y los espejos que había en casa. Digamos que la panera se convertía ese día en un improvisado camarín. Y lo cambiado quedaba allí.
San Peladillo
El día “San Pelalillo”, era por demás pesado. Al cuerpo le faltaba agilidad y el estómago se hacía sentir pesado. Pero había que aprovechar porque hasta el año, no había otro S. Pelayo. Así que a las ocho de la mañana ya estaban los mozos en pie, haciendo la rondalla por el pueblo con la dulzaina al frente, recorriendo las casas, pidiendo la propina para poder solventar los gastos. En algunas casas les sacaban la bandeja de galletas y rosquillas acompañada de una copa de orujo que de un sorbo tiraban al gaznate.

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